El Sol de México
17 de julio de 2008
Miguel González Ibarra
La amenaza de que el desequilibrio mundial en el mercado de energéticos, de las materias primas y de los alimentos, que ha generado un alza incesante en los precios se pueda convertir en una espiral inflacionaria con estancamiento económico, tal como sucedió hace tres décadas, se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de todos los países.
Durante los primeros meses del año, la inflación en promedio, en la mayoría de los países, se incrementó entre 4 y 5 puntos porcentuales respecto al período anterior, con un efecto más acusado en las economías emergentes en las cuales los alimentos tienen un peso mayor en el índice general de precios. Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que el aumento general de precios ha llegado a rebasar las metas y aun la banda de tolerancia que habían fijado los distintos bancos centrales, con lo cual se pone en entredicho el marco de estabilidad macroeconómica que con tanto esfuerzo se había conseguido, como es el caso de la región latinoamericana.
El panorama actual, sin embargo, resulta aún más complejo para las autoridades monetarias y financieras de cada uno de los países. En primer lugar, aún no terminan las secuelas de la turbulencia que desató en los mercados financieros la serie de créditos hipotecarios de alto riesgo que se otorgaron en Estados Unidos. De tal manera, la liquidez que se requiere para contener las presiones que está enfrentado el sistema bancario, así como la creciente aversión al riesgo y la desconfianza que impera entre los distintos agentes financieros, está complicando a las autoridades la adopción de una típica política monetaria antiinflacionaria.
En segundo término se encuentra una fuerte ola especulativa que mantiene elevados los precios de los hidrocarburos y los alimentos, a pesar de los esfuerzos por controlar a la oferta y demanda mundiales. Las medidas que hasta ahora se han adoptado para tratar de contener la especulación no han podido frenarla, por lo que se estima que solamente hasta que los mercados de capitales recuperen la amplitud y profundidad que la turbulencia ha limitado, será cuando se podrá dar cauce al apetito de los especuladores.
Las recomendaciones que ante esta situación han formulado los economistas de organismos internacionales, como en el caso de la Organización de Cooperación Económica para el Desarrollo (OECD), consisten en no impedir el incremento de los precios mediante subsidios o medidas proteccionistas, con el fin de que se asimilen rápidamente y que el aumento abrupto dé paso a un nuevo período de estabilidad. Sin embargo, al adoptar una medida de esta naturaleza se tendría una sensible disminución en los ingresos reales de los consumidores, que según los autores de la propuesta se recuperarían cuando se logre un aumento en la productividad.
El alto costo social de permitir que los precios internacionales produzcan un rápido salto en el índice inflacionario y su posterior estabilización, así como las circunstancias políticas que se viven en distintas naciones, han hecho que las estrategias monetarias, además de tomar un sesgo restrictivo con el incremento de las tasas de interés de referencia, se apoyen también en administrar los precios de los productos y de los insumos básicos, así como en distintas medidas fiscales, que van desde un gasto público anticíclico, hasta incentivos tributarios que incluyen bajar las tasas y reembolsar parte de los impuestos enterados a los contribuyentes, para paliar la disminución de su poder de compra.
Adicionalmente, existe el riesgo de que la propuesta de permitir el rápido ajuste en los precios internos, en función de los aumentos en el mercado internacional de los energéticos y de los alimentos, podría inducir una estabilización sin crecimiento, frente a la mermada confianza que están mostrando los consumidores, situación alentada por el desastroso efecto que sobre las finanzas personales están infringiendo los altos costos de los créditos al consumo e hipotecarios.
Por lo pronto en México, de cara al próximo año electoral, la Secretaría de Hacienda se enfrenta al reto de diseñar el marco macroeconómico que justificará el presupuesto que se proponga para 2009, en medio de la incertidumbre sobre el comportamiento de los precios y de la economía mundial, de las presiones políticas y empresariales internas para que permanezcan los subsidios a los energéticos y para que continúe la concertación para mantener los precios de los alimentos básicos, además de tener que aumentar el gasto para apoyar las actividades productivas en el medio rural.
miggoib@unam.mx
http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n775124.htm
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