El Sol de México
5 de junio de 2008
Miguel González Ibarra
Los desequilibrios mundiales en los mercados energéticos, de materias primas y en los activos financieros están cambiando las tendencias del funcionamiento de la economía, impulsando los precios al alza que, además, se ven afectados por una gran volatilidad. El nuevo panorama internacional representa un desafío para las empresas y para las autoridades gubernamentales, que deben encontrar la forma en que se asimilen los cambios y se generen los procesos de ajustes con el menor costo económico y social.
En cada país los efectos de los desequilibrios están propiciando mayores o menores presiones inflacionarias, así como sobre el abasto, por lo que son diversas las medidas de política económica que se han adoptado en cada caso.
En México, los efectos, de acuerdo con la más reciente encuesta del Banco de México entre los agentes productivos, arrojan una mayor expectativa en el crecimiento de los precios, de 4.39 por ciento en este año y superior al 3.5 por ciento en los dos siguientes; así como un menor crecimiento económico (2.6 por ciento) y una menor generación de empleos formales (510 mil), con fuertes presiones salariales (4.6 por ciento). Por su parte, Banamex reporta en su análisis de la situación financiera, correspondiente a los primeros cuatro meses del año, que el crédito al sector privado ha venido desacelerándose y que se espera que continúe con esta tendencia durante los próximos cinco meses, para comenzar a recuperarse hacia el último trimestre del año.
Las medidas que hasta ahora se han emprendido para enfrentar la carestía de la vida en materia alimentaria y en los energéticos no dejan de ser coyunturales, mientras que las propuestas del Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo buscan resolver cuellos de botella en materia de infraestructura, impulsar la bancarización, la competencia y el mejoramiento de los servicios financieros, así como recuperar la política de fomento económico.
En ambos casos, no se han tomado en cuenta las medidas y transformación que deberán sufrir los agentes económicos para adaptarse al nuevo panorama global. Al respecto, la empresa de consultoría internacional Capgemini, perteneciente al banco de inversión Merrill Lynch, encuentra que a nivel mundial el reto de la economía consiste en volver más eficiente los mecanismos y canales de distribución y abasto para los centros de consumo, según sean grandes, medianas o pequeñas aglomeraciones urbanas.
Al respecto, se señala que se están dando cambios en al menos siete aspectos: en la logística de almacenamiento, en sistemas compartidos de almacenamiento, en el reciclamiento de productos, en modelos de gestión para atemperar las fluctuaciones y volatilidad de la demanda, en el diseño, monitoreo y estrategia de rutas de distribución y de medios de transporte y de comunicación, en el manejo eficiente de los activos y, finalmente, en la asociación estratégica e integración de planes de negocio a lo largo de una cadena productiva.
Entre las empresas que a nivel mundial están instrumentado cambios en alguno o varios de los anteriores aspectos, se encuentran Wal Mart, Philips, Gillette, Sony, HP, Braun, Carrefour, Macy's y Electrolux. En todos los casos se busca reducir costos, adoptar sistemas eficientes de consumo energético y preservar el ambiente reduciendo las emisiones de bióxido de carbono, con lo cual se disminuye el calentamiento global.
Todos los esfuerzos empresariales que se están llevando a cabo para hacer frente a los desafíos del nuevo panorama mundial requieren complementarse con políticas públicas que apoyen la creación de infraestructura de comunicaciones y telecomunicaciones, de transporte multimodal, de equipamiento urbano que permita el desarrollo de sistemas de almacenamiento compartido y redes de distribución a comercios detallistas. Adicionalmente, se requiere la formación de capital humano capaz de diseñar y gestionar los nuevos sistemas de abasto mundial, por lo que es necesario que cada país impulse la educación y los mecanismos de innovación.
Sin lugar a dudas que la transformación que vivirá la economía mundial en los próximos años generará una nueva estructura de la producción, así como transformará la composición del mercado laboral, por lo que los planes que se diseñen en México no pueden quedarse en las medidas hasta hora anunciadas, sino que es necesario que el país se sume a la dinámica del cambio global.
miggoib@unam.mx
http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n723915.htm
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